La Visión de los Viteri
Visión de los Viteri
Ellos dan una mirada a sus vidas y a su profesión. Sobre todo, relatan cómo el miedo a la cirugía impide a muchos ver.
Texto: Sheyla Mosquera de Calderón
Eran las 15:00, miércoles 17 de junio, clínica Panamericana, tercer piso. Aquí queda el consultorio de los doctores Viteri. Ellos tuvieron que sincronizar sus agendas dos días antes para no interrumpir la atención a sus pacientes que sufren de alguna molestia o enfermedad en los ojos.
El lema en este sitio es respetar a quien los consulta. Idea que nació de don Juan Viteri Argoti, de 84 años, desde hace más de 50, cuando se convirtió en médico oftalmólogo y consideró que era muy importante no solo el tiempo de cada persona, sino hacerlas sentir seguras de que están con verdaderos profesionales.
“Si alguna vez mi padre se entera de que uno de sus colaboradores no recibió bien a un paciente se molesta mucho y le exige lo contrario. También se enoja si alguien le pide irse en contra de la ética como falsear un diagnóstico para usarlo en algún trámite”, dice su hijo Eduardo Viteri Coronel, de 53 años, quien también es oftalmólogo.
¡Ah!, “mi suegro tiene un carácter apacible, es puntual y disciplinado, sobre todo, amante de su trabajo. No deja de atender ni los fines de semana a sus pacientes, especialmente a quienes vienen de otras provincias”, asegura Lady Solórzano de Viteri, de 51 años y esposa de Eduardo. Ella es oftalmóloga pediatra.
Don Juan aclara que es poco expresivo con sus sentimientos, pero dice que están ahí. Por eso decidió estudiar medicina en la Universidad Central del Ecuador para ayudar a las personas a solucionar sus problemas de salud. “Lo primero que hice al graduarme de médico fue buscar trabajo, y tuve la oportunidad de entrar al Hospital Militar en Quito donde me dieron el grado de teniente. Estando allí conseguí una beca para estudiar por dos años oftalmología en el Instituto Barraquer de Barcelona, España, reconocido mundialmente como uno de los mejores centros de especialidad ocular. Allá me propusieron quedarme a trabajar, pero no pude porque tenía que regresar a Ecuador a devengar la beca”, recuerda don Juan.
En esa época, comenta su hijo, una cirugía de ojos se hacía con lupa de aumento y aún no se realizaba una corrección de miopía ni se colocaban lentes intraoculares. En cambio, actualmente, agrega su nuera, hay microscopios que dan 40 dioptrías (aumento) sistemas de video e implementación de computadoras en la práctica diaria.
En retiro espiritual
La satisfacción que sentía don Juan como médico, se quedó grabada en la memoria de su hijo Eduardo. Esta fue una de las razones por la que estando en quinto año del colegio Javier de Guayaquil, durante un retiro espiritual en Machachi, provincia de Pichincha, decidió estudiar medicina. Pero fue una decisión pensada en la clase de vida que le gustaría tener.
Él reflexionaba “... voy a dedicarme a la medicina porque me gusta, pero no deseo depender de ella solamente. Quiero tener otra fuente de ingresos”. Pero, de ambas ideas la segunda, según el doctor Eduardo, fue la única que no pudo realizar por falta de tiempo, ya que para mantener una destreza quirúrgica hay que hacer cirugías constantemente y mantenerse actualizado. “No se puede ser médico a medio tiempo, para hacer otra actividad distinta”, agrega.
Cuando él empezó a estudiar medicina en la universidad Católica de Santiago de Guayaquil, don Juan poco a poco lo fue involucrando en su trabajo. “Lo convertí en mi ayudante, porque tenía aptitud en cuanto al manejo de los instrumentos. Incluso llegué a depender de él. Y mientras esto sucedía, cuando estaba en años superiores, mi hijo no dejaba de aplicar al Instituto Barraquer de Bogotá para estudiar allá oftalmología, hasta que lo logró. Solo aceptaban cuatro estudiantes por año”.
En ese instituto tuvo de profesor al doctor José Ignacio Barraquer considerado el padre de la cirugía refractiva. Es la que se realiza para evitar el uso de lentes en caso de miopía, astigmatismo o hipermetropía. “Fue uno de los pioneros de la cirugía oftalmológica con microscopio y se dice que no existe intervención alguna en el mundo donde no se utilicen algunos de los instrumentos diseñados por él”, dice Eduardo.
Mejora la técnica
Según la doctora Lady, su esposo Eduardo ama la tecnología computarizada. “Se pasa editando videos de cada una de las cirugías que realiza, porque asegura que la mejor manera de aprender es criticarse a uno mismo. Y es nuestro hijo Eduardo Javier, de 19 años, quien se encarga de ponerle la música de fondo. Él estudia medicina en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, está en tercer semestre”.
El doctor Eduardo dice que los videos sirven para pulir la técnica, ya que siempre se trata de mejorar y manipular lo menos posible a un ojo. Mientras menos tiempo tome una intervención, más rápida será la recuperación del paciente.
También asegura que el hábito de grabar las intervenciones lo adquirió mientras era instructor de residencia en la clínica Barraquer de Bogotá, y que entre sus obligaciones estaba dar apoyo en técnica quirúrgica. Se grababa todas las cirugías de los residentes, porque cada uno tenía una técnica especial, que se discutía de una forma constructiva para saber en qué se debía mejorar.
Estando en este instituto fue contactado por el oftalmólogo Akef-El Mahagrabi, médico árabe, para que dirija el Servicio de cirugía refractiva del hospital de su propiedad en Jeddah, Arabia Saudita. Él aceptó y se fue por dos años con su esposa y su hija María Daniela, que en ese momento tenía 4 años, ahora 25. “Nunca estuvimos sometidos a las costumbres de ese país y nos dieron muchas facilidades”, recuerda Lady.
Frecuentemente estos esposos viajan al menos ocho veces al año a dictar o asistir a cursos y como invitado a cirugías de demostración en vivo a los Estados Unidos, Brasil, Colombia, Venezuela o República Dominicana. El doctor Eduardo comenta que hace algunas décadas se hablaba de que la medicina en Ecuador y Latinoamérica tenía un retraso significativo con respecto a un centro de primer nivel, pero hoy se ha equiparado en gran parte por los avances en comunicaciones, ya no es tan difícil acceder a la tecnología. “Actualmente los pacientes no necesitan viajar al exterior para encontrar una solución a su problema visual. En Ecuador hay profesionales muy capacitados. Lo que se debe hacer es dejar el miedo”, dice Lady.
Don Juan agrega que las personas tienen miedo, porque piensan que van a quedarse ciegas con la intervención, pero al día siguiente cuando les retiran el parche, el momento se convierte en emoción. “Se preguntan el porqué habían esperado tanto tiempo para operarse”.
Lady comenta que “incluso hay pacientes que entran al consultorio con una postura encorvada, que no pueden dar un paso sin ayuda, que se habían quemado por no ver bien, con expresiones de bravura, sin ganas de vivir. Pero cuando recobran la visión salen caminando sin que nadie los agarre de la mano. Ellos habían exacerbado sus dolencias porque nunca habían comunicado a sus familiares que tenían problemas visuales. Ahora cambiaron sus vidas, pueden leer, ver televisión y dejaron de ser un estorbo”, asegura.
Programa social
Los doctores Viteri también ocupan su tiempo en obras sociales. Ellos han operado desde hace cinco años alrededor de 800 cataratas de manera gratuita en su Centro Oftalmológico Humana Visión.
Su programa de salud se llama Volver a Ver, volver a Vivir y se realiza mediante un convenio entre el Club Rotario y la fundación Hogar de Cristo. Está dirigido a personas desposeídas que ganan menos de un dólar diario. Incluso, a veces, hay que darles dinero para que se transporten de regreso a sus casas después de una intervención, según Lady.
El Club Rotario se encarga de conseguir los recursos económicos. Es quien da el aval de que los fondos van a ser utilizados con el propósito para el cual fueron donados. Mientras que Hogar de Cristo, que si bien se dedica a trabajar en vivienda, es el nexo entre la gente y ellos, ya que tienen dispensarios. “En estos hay voluntarios capacitados para detectar los casos de cataratas. Luego de evaluarlos y de determinar que necesitan de una cirugía son enviados a nosotros”, dice Eduardo.
El doctor agrega que la C.B.M., una ONG alemana, también contribuye en la donación de equipos y los lentes intraoculares son donados por laboratorios Alcon y algunos de los insumos que el paciente requiere. También colabora con ellos el Departamento de Oftalmología del dispensario Elizabeth Settón en Durán, y si un paciente requiere de una cirugía se lo envía.
La doctora Lady agrega que operan solo un ojo para que puedan defenderse. No pueden en ambos porque hay pocos recursos y así se ayuda a dos personas en lugar de una.
Genio de El Universo
Cuando Eduardo Javier estudiaba, en quinto y sexto cursos, en el colegio Torremar, participó en el concurso Genios de EL UNIVERSO. Ganó el primer lugar tres veces en los exámenes por materia por sacar 100, en Química, Biología y Ciencias Naturales, y con su equipo llegó a las finales quedando en segundo lugar. Sobre todo su hermana menor, María Laura, de 13 años, era la fan número uno.
Eduardo Javier comenta que se decidió a estudiar medicina, no porque sintió presión de sus padres o abuelo, pero sí influyó que en la casa se hablara sobre medicina. “Aún no sé si me especializaré en oftalmología, pero es una posibilidad por la cual estoy bastante inclinado. La decisión la tomaré al final de la carrera”.
De su padre y abuelo dice que ha aprendido a tener calma y alegría. Sobre todo, que siempre hay que hacer un buen trabajo, y de su mamá la fortaleza, ella de vez en cuando es regañona, pero al mismo tiempo cariñosa.
Diario El Universo, La Revista, 28 de Junio de 2009