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Oftalmología, una pasión en común para los Viteri

Articulo publicado en Diario Expreso/ Febrero de 2007

La promesa de una madre originó una dinastía de médicos


El espacioso consultorio donde Juan Viteri Argoti se desempeña como un buen oftalmólogo tiene un punto de partida en un cierto día del que uno de sus protagonistas ya no tiene certeza de la fecha.

Recuerda anecdóticamente el hecho, la promesa que hizo su madre ante una imagen santa: “Sí mi hijo se sana, prometo que él será médico para salvar otras vidas en tu nombre”.

El menor de 6 años había contraído una fiebre tifoidea en un tiempo donde ese tipo de enfermedad era un tránsito hacia la muerte. Se sanó y la madre tuvo el resto de su vida para incentivarle la profesión de médico.

En el tercer piso de la clínica Panamericana, en Panamá y Roca, funciona Humana Visión, un centro oftalmológico que es el resultado de esa promesa, un juramento que alcanza una segunda generación de médicos y quizá se extienda a una tercera.

Juan Viteri Argoti, aquel niño con fiebre tifoidea, tiene 81 años y es un profesional graduado en la Universidad Central de Quito, especializado en oftalmología en la clínica Barraquer de Barcelona (España), de la que fue su residente y es actualmente dueño de una amplia trayectoria, que le valió el año pasado ser condecorado por el Congreso Nacional con la presea “Vicente Rocafuerte” al mérito profesional.

Junto a él trabaja uno de sus dos hijos y su nuera, Lady Solórzano de Viteri, especializada en Oftalmología pediátrica.

Los tres son parte de un centro que fue fundado en 1993, pero la fama de los Viteri se inició en 1960, con el consultorio abierto por el padre.

“Comenzamos a trabajar juntos en 1989”, dice Juan Viteri hijo, quien se doctoró en la Universidad Católica de Guayaquil y se especializó en el Instituto Barraquer de América (Bogotá, Colombia) dos años antes de juntarse a su padre.

El iniciador de este linaje es nacido en Tulcán, pero se radicó en la ciudad luego de ir de un lado a otro sirviendo como médico del Ejército ecuatoriano. Fue el único de los 10 hijos de un telegrafista y una maestra de escuela que siguió la profesión médica.

“Me costó mucho esfuerzo lograr el título”, asegura este médico. Una de sus anécdotas se relaciona con su intento de seguir Medicina en la Universidad de Guayaquil. Eran los tiempos en que los ingresos resultaban ceremoniosos.

“Había que dar examen oral frente a un tribunal de cinco profesores muy circunspectos y formales”, recuerda.

Una prueba que resultaba todo un reto pasarla. “Cuando me presenté había 78 aspirantes, aprobamos solo 12”.

En el centro oftalmológico laboran 15 personas, de estas, seis son especialistas. La tercera generación de médicos aún está en proyecto. De los tres hijos de Eduardo Viteri Coronel con Lady Solórzano, la mayor estudia Administración en el área de la salud, pero solo Eduardo Javier, de 17 años, desea ingresar este año a la Facultad de Medicina. La última, espera terminar este año la etapa escolar.

De los dos hijos de Juan Viteri Argoti solo uno siguió su profesión, la otra es arquitecta. “Mis padres no me impusieron esta profesión, yo me dejé seducir por el arte y la entrega que demostraba mi padre”, dice Eduardo Viteri hijo.

El centro Humana Visión tiene ganado un lugar importante y sus miembros son respetados por su desempeño profesional. No están vinculados a la cátedra universitaria, sin embargo, dan charlas y algunas de las intervenciones de cirugía que realizan en esta clínica son proyectadas en encuentros nacionales e internacionales.

“El prestigio alcanzado por mi padre nunca fue un reto o una competencia para mí. Yo siempre lo tuve como un referente de lo que un profesional debe ser”, dice el hijo, quien también ha forjado una trayectoria. (RGS)

Fuente: http://www.expreso.ec/febrero/dia21/html/guayaquil5.asp